Me parece muy curioso que aceptemos la evolución en productos para el pelo, en comodidades en el hogar, en los coches, en la tecnología para ir al espacio y en general en todo lo que nos rodea, y sin embargo, a los terapeutas nos miren con lupa cuando evolucionamos en nuestras ideas o conceptos.

¿Deberíamos seguir diciendo que el aceite de girasol es lo mejor para la salud? ¿O tal vez deberíamos habernos quedado con la idea de que las emociones no influyen en el físico? O espera, una mucho mejor ¿que el azúcar da mucha energía y hay que tomarla cada día?.

Los terapeutas, como los abogados, mecánicos, peluqueros, granjeros, arquitectos… evolucionamos, afortunadamente.

El cambiar de ideas o perfilarlas no significa que en el pasado hayamos engañado o que estemos engañando ahora. Significa que hemos aprendido y que, seguramente, en el pasado nos hemos quedado cortos en comparación con lo que sabemos ahora. Y posiblemente en el presente estemos quedándonos cortos en comparación con lo que sabremos en el futuro. Y esto no significa que en el pasado, con menos conocimientos, no hayamos podido ayudar a muchas personas.

Déjame contarte una anécdota muy buena. Al cabo de un tiempo, una clienta a la que ya no trataba, me escribió recriminándome que me había leído en las redes y estaba muy enfadada porque no le había contactado para avisarle de mis avances y cambios de enfoque en mis tratamientos ¿te imaginas tener que llamar a todos los clientes del pasado (en 27 años de profesión) para pedirles disculpas por no haber sabido entonces lo que se ahora? ¿Debería pasarme la vida disculpándome por aprender?.

Hago lo mejor que sé en el momento presente, pero con la mente abierta a saber más y dándome el derecho a girar el volante cuando considere que por esa carretera ya no debo ir.