Ellas viven como diosas alimentadas todo el día, creciendo y reproduciéndose con mucho vigor, mientras nosotros vamos inflamándonos y debilitándonos cada vez más, y así es como llega un día en que tus cándidas se apoderan de ti.
De ahí los síntomas crónicos que manifiestas. Estos no son más que tu cuerpo buscando el equilibrio en una lucha constante y agotadora y, ciertamente, desesperante, entre tus cándidas y tú.
Para volver a encontrar el equilibrio es vital que cambies tu alimentación pero no solo para debilitar a tus cándidas (que también) sino, principalmente, para fortalecerte a ti.
Desde tu salud tu cuerpo sabrá cómo controlar a tus cándidas, y también a tus bacterias, parásitos y virus que conviven contigo. Por eso, yo ya no hablo de una dieta antifúngica. Más bien hablo de la Dieta o Alimentación Humana.
Hay sustancias, como el azúcar (entre otras muchas más) que no deberían tener cabida en nuestra alimentación. Al igual que un tigre no se alimenta de hierbas (porque es carnívoro), ni una gacela de carne (porque es herbívora), nosotros también tenemos una dieta/alimentación acorde a nuestra Naturaleza (y sin tanta variedad como pretende la industria de la alimentación). Y esa dieta es la que ayuda a las personas a curarse de la mayoría de sus problemas de salud, incluida la candidiasis recurrente o crónica. Y no lo digo yo, lo dice la historia del Ser Humano.
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