Entiendo que cuando la Dra Young-Eisendrath habla de “imagen” no se está refiriendo a la estética (que también es algo que rige a muchas mujeres) sino al personaje que hemos construido para ser aceptadas. Cuántas mujeres vivimos o hemos vivido nuestras vidas marcadas por la necesidad de ser buenas y aceptadas… buenas madres, buenas hijas, buenas mujeres, buenas trabajadoras, buenas ciudadanas… siempre teniendo en cuenta la aceptación de los demás en vez de nuestra propia voz.

Juntos, mujeres y hombres a través de los siglos, hemos creado una sociedad acostumbrada a que la mujer se muestre complaciente y atenta a su entorno. Y esto no sería un problema si no fuera porque lo hacemos a costa de reprimir nuestros anhelos y necesidades. 

Las mujeres que se anteponen a las exigencias y demandas de nuestra sociedad, que proyectan su propia voz, son vistas como mujeres poco femeninas, agresivas y/o egoístas. En otras palabras, son rechazadas aunque sea a través de la crítica y el juicio. Y tenemos un gran miedo al rechazo. A nivel primario y ancestral, el rechazo implica quedar apartado de la tribu, del grupo, que nos da soporte. Sin él se pone en peligro nuestra supervivencia. Por eso, el miedo a ser distintas y rechazadas nos lleva a sacrificar nuestras necesidades mas profundas. 

El sacrificio de nuestra voz interior nos conduce a la enfermedad.

Recuerdo una mujer que vino a mi consulta por diversos problemas de salud. Hablando con ella me di cuenta de que sus síntomas físicos eran fruto de la disociación entre lo que sentía y deseaba, y el miedo a no complacer a su entorno. 

Estaba separada, tenía 3 hijos que adoraba pero también había comenzado una empresa que le aportaba mucha satisfacción personal. Era una empresa no sólo con un proyecto económico, sino también humano, y que requería horas de trabajo para sacarla adelante. Esta mujer hacía malabarismos para  atender a sus hijos y también a su empresa, trabajando por la noche después de acostar a los niños. Hasta entonces todo bien, sin problemas. Ella se sentía feliz así, porque tanto ser madre como empresaria le llenaban el corazón inmensamente. 

Sin embargo, su entorno, y especialmente su madre, comenzó a reprocharle que la empresa la estaba alejando de sus obligaciones maternales y que no estaba siendo una buena madre. Fue al comenzar a dudar de si misma y al sentir el rechazo de los suyos, cuando su salud empezó a resentirse. ¡No antes! no a pesar de trabajar intensamente! porque lo hacía desde la satisfacción y el placer. 

El problema no estaba en su cuerpo, estaba en el ahogo de su voz interna.

Las mujeres dudando y desconectándonos de nosotras mismas y sacrificando nuestros deseos para complacer a los demás hemos ido enfermando. Primero enferma el alma y luego le sigue el cuerpo. 

Cuántas veces hemos achacado nuestros problemas físicos a la genética porque nuestras madres y abuelas también sufren o han sufrido de lo mismo. Tal vez hemos aprendido a enfermarnos a la vez que a reprimirnos como ellas. Tal vez esa genética no es más que la acumulación de creencias haciendo mella en nuestras células durante siglos.

Para tener la fuerza y poder romper un patrón de conducta arraigado tan profundamente, tenemos que aprender a valorarnos. Analiza tu vida, mira todo lo que has conseguido por ti misma desde pequeña… valora desde el detalle más pequeño hasta el gran logro. Escríbelo en un papel, déjalo plasmado para leerlo cada vez que asome una duda sobre ti misma. Anota, todo, desde la adaptación que hiciste a un colegio nuevo de pequeña, a la decisión de separarte de una pareja donde te sentías infeliz, dejar un trabajo o hacer un viaje sola. Todo lo que eres hasta este momento lo has conseguido por ti misma, aunque hayas tenido ayudas, el trabajo profundo es tuyo. Nadie se ha levantado por ti para ir estudiar o trabajar, nadie ha dado a luz por ti, ni ha estado en tu mente para pensar por ti, ni en tu corazón para sentir por ti. Tú te has creado a ti misma y a tu vida día a día. No menosprecies tu capacidad dándole el poder a los otros sobre ti.

Haz lo que de verdad sientas que tienes que hacer, desde las entrañas. Estás en esta vida para expandirte y evolucionar, todo lo que hagas partiendo de esta base será apoyado. Si el entorno no te da soporte, confía en que la vida sí lo hará. No estás nunca sola. Así es como ha avanzado la Humanidad, siempre ha habido alguien dispuesto a seguir su instinto, romper moldes, a ser criticado y rechazado por su honestidad y valentía, y gracias a ese coraje esa persona ha avanzado y a la vez nos ha ayudado a avanzar a todos los demás.

Siéntete importante en esta vida. Tú también tienes derecho a estar aquí y a Ser. No te escondas. Como decía Osho, sin ti, las estrellas, la luna, el sol, los árboles, te echarán de menos, eres importante para la vida. 

Recupera tu salud volviendo a ti, a tu centro. Permítete ser quien realmente eres.

Si nos aman así, siendo nosotras mismas, nos están amando de verdad… todo lo demás es amor condicional.
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