Las cándidas en estado micótico pueden producir 79 productos tóxicos diferentes. Uno de los más tóxicos es el acetaldehido.

Este químico favorece la formación de adrenalina pudiendo causar síntomas como taquicardias, sofocos, pánico y miedo. También aumenta los niveles de histamina, produciendo inflamación general del organismo, además de hipotensión, alergias, picores, diarreas…

Produce la enzima tiaminasa que destruye la vitamina B1 dando lugar a síntomas como dolor muscular, dolor de ojos, irritabilidad, poca concentración, falta de memoria, dolor de estómago, estreñimiento, hormigueo de las manos…

Y también impide la metabolización de la vitamina B6 causando retención de líquido, depresión, temblores musculares, calambres, falta de energía, piel seca, problemas menstruales, desequilibrios de la glucosa…

No es de extrañar que las personas con candidiasis se sientan intoxicadas y con un sinfín de síntomas inexplicables que no logran resolver con los tratamientos estándares de óvulos vaginales y antifúngicos orales.

El tratamiento debe abarcar la corrección de deficiencias nutricionales, eliminación de hongos, desintoxicación, regeneración de los tejidos y mucosas, y repoblación de la microbiota.