Entonces, si los ovarios ya no están trabajando a todo vapor, si las suprarrenales están cansadas, nos quedan las células grasas que nos acompañarán en este cambio tan profundo y potente y, si sabemos adentrarnos en él, tan enriquecedor.

Deja de mirar esa grasa como algo espantoso que te ha crecido para fastidiarte la vida. Piensa en ella como tu gran aliada, la reserva estrógenica que necesitas para adaptarte al silencio de tus ovarios.

No estoy hablando de obesidad, ni de exceso de peso… Estoy hablando de un poco más de grasa, en un cuerpo con un buen peso, cuidado, bien alimentado y ejercitado… una grasa que no desaparece ni comiendo menos, ni haciendo más ejercicio. No la pierdes porque tu cuerpo no la quiere perder!!!! al menos durante el período de adaptación hormonal.

Haz las paces con ella. Mírala con cariño, está cumpliendo una función… y sobre todo, sigue cuidándote y adentrándote a esta etapa de tu vida con conciencia y optimismo.